Tras perder a su marido en la Primera Guerra Mundial, Chris se casa con Robert Colquohoun, un reverendo idealista y comprometido con los cambios sociales que se avecinan. Junto a él y a su hijo Ewan, abandona la comunidad rural de Kinraddie para instalarse en la pequeña ciudad de Segget, cuyo auge industrial está generando conflictos entre sus habitantes. Allí Robert deberá luchar contra sus crisis espirituales, las secuelas que la Guerra le dejó y una sociedad que se resiste a avanzar. Mientras tanto Chris buscará su propia identidad después de que el paso del tiempo le haya arrebatado su juventud y haya convertido a su pequeño Ewan en un muchacho.